Una vida diferente

De la Web

No sé a qué condenada hora me dio por casarme con semejante bruja.   ¿En qué pensaba?   He llegado a dudar sobre si es un engendro del maligno o un visitante líder de algún complot,  urdido contra la tierra y sepa Dios contra que otro planeta.   Si conocieran su desagradable y poco común  imagen vendría a su pensamiento,   alguna tara genética  o quizá  la idea  de un parto difícil, un parto con complicaciones;   pero si se les diera la oportunidad de  junto  a eso observar su comportamiento, el concepto que se formarían de ella sería el mismo mío o peor.

Es menester  que ustedes sepan que mi interés al escribir no es justificar ninguna de mis acciones o de mis pensamientos,  no escribo para lavarme las manos.  Si ser entendido buscara,  cometería una equivocación, capaz de confundirme o desorientarme;   difícilmente los humanos nos entendemos como para comprender a los demás.  Además siempre prima la naturaleza egoísta que nos diferencia de otras especies.

Mejor empezar por el principio,  permítanme presentarme: mi nombre es Ignacio Contreras de La Pava,  la arpía se me atreve a  deformar mi nombre llamándome  Nachin,  ni siquiera Nacho.  Cumpliré cuarenta años la semana próxima y el mejor regalo que la naturaleza puede hacerme,  sería que mi mujer desapareciera, ya que solo saber que existe me mortifica,  pedir eso  como obsequio es tan irreal como pretender ser entendido.

Nací y me eduque  en medio de  una familia de clase alta,  mi padre un gran ejecutivo de una multinacional viajaba  constantemente,  regresando a casa lleno de regalos para mí  y mi hermana mayor.  Mi madre la mujer más distinguida que he conocido  en mi vida.  Si viviera no entendería lo que tiene que haber sido un lapsus de locura,  no fui educado para esto.

Estudie en una prestigiosa universidad privada y me gradué con honores en la facultad de leyes.  Mi especialidad   Derecho Laboral,  disfruto mi trabajo, como pocos,  trabajo desempeñándome en una profesión de mi  total agrado,  y que me ha llenado de satisfacciones,  permitiéndome  ciertos lujos,  manteniendo el estatus al que en mi hogar se me acostumbró. La mujer en cuestión es una despilfarradora pero ese no es el problema.

Disfruto  las actividades al aire libre,  los paseos en yate,  ir de cacería con mi único amigo,  visitar el Club una vez a la semana para encontrarme con mi padre,  charlar un rato a solas y luego unirnos a una mesa de juego,  logrando ponernos de acuerdo aun prefiriendo el jugar póker y yo  rumí. Los domingos leo el periódico,  el  tiempo que la bruja me permita,  siempre interrumpe con su voz estridente de tono infantil, siempre busca una excusa para sacarme de la tranquilidad, ¡para robarme la paz!:

  • ¿Nachin,  prepare un postre, te apetece?
  • ¿Nachin,  puedes llevarme a la feria?
  • ¿te gustaría hablar?

Valiente ocurrencia,  no tenemos nada en común,  no pretenderá que hablemos de los desfiles a los que asiste.

Nací en una ciudad metrópoli  llena de oportunidades,  soy,  lo reconozco, un afortunado,  mi infancia  y adolescencia con los constantes consentimientos de mis padres y la certeza de que si me esforzaba un poco solo un poco, tendría una buena vida.  Mi único error hasta el momento ya saben cuál es.

Actúo en todas mis cosas de manera honorable,  soy un caballero,  un bien nacido,  no le quito nada a nadie,  no le hago mal a nadie.  Cada noche cuando voy a la cama puedo dormir con la conciencia tranquila,  en la calle siempre mi frente en alto.

No sé si es importante hablar de mi apariencia física pero no tengo problema en hacerlo,   de niño en el colegio era bastante flaco, tanto que era motivo de burlas, nada que ver con el joven embarnecido de la universidad,  me he preocupado de mantenerme bien por estética y por salud.  Mido un metro noventa centímetros y peso ochenta y ocho kilos, mi cabello castaño deja ver ya algunas canas, que no me molestan pues he notado, que me dan cierto atractivo ante las mujeres. Mis ojos grises resaltan en contraste con mi piel bastante bronceada.

Con toda la molestia puedo decir que por mi cama, por mi vida pasaron las mujeres más interesantes y hermosas, todo sin mayor esfuerzo.

Es imprescindible referirse al inicio de los acontecimientos que sigilosamente me embaucaron en una travesía  inconsiderable años atrás; pero dispénseme ustedes me tomaré antes un minuto para servirme un coñac.

Sucedió en el gimnasio, muy temprano en la mañana, era inevitable; me atrevo a recordar que era el mejor culo (no quiero ser grosero o vulgar,  pero debo llamar las cosas por su nombre) del lugar y muy probablemente el mejor que hasta ese día yo había tenido la oportunidad de admirar,  al césar lo que es del  césar, esta mujer tiene uno que saca la cara por ella.

La vi o dicho correctamente, lo vi y solo pensé en una cosa, no me avergüenzo al contrario, ¿qué otra idea ante tremenda tentación podría venir a la mente de un hombre como yo? Sus largas y torneadas piernas cubiertas por una licra ceñida se movían apresuradas sobre una de las máquinas; yo,  cerca de ella no dejaba de admirar su cuerpo, su cintura estrecha al descubierto, y el top sosteniendo un busto de tamaño perfecto, todo esto era un deleite para los ojos… tanto, que poco me importo su cara sudorosa y sin gracia, sobre la que caían algunos mechones de una madeja color cabuya  que debía ser su cabello.

Por fin se cae al piso la toalla con la que la mujer se secaba el sudor, dándome la oportunidad perfecta para acercarme… el resto era pan comido.

Se llamaba Norma y era diseñadora de modas. Fueron necesarios cinco días de encuentros “casuales” en el gimnasio o sus cercanías, para que aceptara mi invitación a tomar algo, y solo dos invitaciones después la tenía en mi cama.

Un caballero no tiene memoria comprenderán entonces que sobre estas faenas, cada vez más frecuentes es poco lo que puedo contar, solo que Norma era un diamante en bruto y que viví con ella la más apasionada de mis calenturas.  Calentura, pasión, enculamiento, encoñamiento que duró algo más de seis meses.

“Luz de la calle oscuridad de la casa”

Eso es este hombre, nada que ver con el hombre que me enamoro ¿Qué pasó?  Ya no me habla, no me busca en la cama, no va conmigo al gimnasio… Es tan diferente al hombre que conocí…

La semana pasada visite al mejor consultor de imagen, cambie mi ajuar y mi look (no he recibido ni un comentario) he programado  también una lipoescultura.  Leo sobre los temas que a él le interesan, no quiero perderlo.  No puedo comprender… Aquella mañana en el gimnasio fue amor a primera vista. Lo ame desde el momento en que me entregó la toalla que intencionalmente y como al descuido deje caer al piso… Lo ame pues su mirada algo me transmitió, lo había visto días atrás al entrar a la sala de spinning y me atrajo, quería conocerlo y lo de la toalla fue idea de una amiga, me deje cortejar y me aguante los deseos de enredarme en sus brazos y perderme en su cuerpo, no quería que pensara que era una chica fácil.

Todo fue hermoso… La primera vez, el corto noviazgo y los primeros días de matrimonio.  Hoy solo lo veo sonreír cuando sale a encontrarse con su padre o con su amigo,  se  ve feliz… ¿Sera que tiene otra? ¿Será que alguna suelta se le está metiendo por los ojos?

Llegué a pensar que su cambio se debía a alguna preocupación laboral. Pero definitivamente, este es solo conmigo. Me he sentido muy triste, me ha alejado poco a poco.    Algo debo estar haciendo mal. Debo mejorar… ¡Tengo que salvar mi matrimonio! Lo amo y sé que me ama.

Definitivamente hablaré con mis abogados y le pediré el divorcio. No soporto esta mujer cada día más fea y más bruta.

Lola Caos

 

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