Mi viaje

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Cordillera de los Andes (Santiago de Chile)

 

El caballero a mi izquierda se llama Carlos, su sombrero “voltiao”  hace pensar en el trabajo de una ingeniosa y laboriosa india bajo el cobijo de un  multicolor atardecer,   a Carlos lo acompaña Lina, su esposa, una joven  y hermosa mujer que intenta con su cámara tomar una foto a través de la  ventanilla,  intenta capturar una buena imagen… De una nube, los Andes, un ovni o una flota de estos,  mientras Carlos  se dice: “Espero que la cirugía de senos y estas vacaciones logren que ella olvide aquel adonis de pacotilla que conoció en el gimnasio”

A la derecha más abajo,  se encuentra Mark el rubio prolijo, atractivo  y muy serio,  imposible calcular su edad, al menos para mí lo es,  puede tener 35 años o 50. Atraviesa un  mal momento con Phil su compañero de vida hace 5 años, así que este  viaje de negocios le viene de maravilla para escapar de los asfixiantes celos de su pareja, probablemente a su regreso vuelvan a tomarse de la mano y decirse cuanto se aman solo con mirarse. Quizá retomen las caminatas por la playa cercana a su casa, quizá la brisa marina traiga la reconciliación y la confianza.  Ahora debía concentrarse en la conferencia que dictaría esa tarde

Anita, la niña de cabello ensortijado sentada delante mío se apoya de cuando en vez en el respaldar de su silla para mirarme y mostrarme su lengua teñida de verde por el dulce que come… Me transporto a recuerdos de mi niñez. En sus ojos solo veo alegría,  inocencia y hambre de conocimiento.

Esta vez interrumpió mi pensar una aguda voz  femenina, era una mujer graciosa en su aspecto, seguramente su historia es interesante, atraía mi atención preguntando:

_¿Es la primera vez que viajas a Chile?

_sí.

_Yo soy de Santiago, me llamo Javiera.

_Sonreí, no tuve tiempo de mas.  En cuestión de pocos minutos supe su apellido, edad, oficio, gustos, situación económica, algo de su vida amorosa… Falto solo su historial médico.   Javiera hablo, hablo y hablo, su voz chillona retumbaba en mi cabeza, lo último que escuche o al menos entendí en su rápida forma de hablar fue “cachay”

¿Qué significaba? No quise preguntar,  sería como darle cuerda.

Llegué a pensar que si la tapaba la boca sacaría letreros, hablaba tanto, ¡tanto! Que hablaba más que yo y eso es mucho decir… Se detiene, deja de vociferar… ¿se canso?, ¿ya lo dijo todo? ¡GENIAL!

Yo ahora solo descansaba.  De repente  mis oídos escucharon un chillido incomodo y desagradable, mire a mi lado y Javiera había vuelto a abrir su boca, yo buscaba con mi mirada una puerta de emergencia por donde escapar así  significara saltar del avión. Qué espanto ¿ como la callarla? ¿y si me hacía la dormida? NO!  Ya era tarde… respire,  puse  cara amable, aunque para ese momento había en mi el mínimo de simpatía por la señora Javiera Lara… ¿dígame señora Javiera?

_Te estoy pidiendo me cuentes de ti.

Bueno al menos era eso,  ya era justo que yo hablara de mí.

 

Lola Caos

 

 

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